Siempre hay un punto en donde sientes que algo es perfecto, y piensas que te podrías acostumbrar sin quejas. Obviamente, sea una relación o una amistad, disfrutas de ese punto donde estas alto y no quieres bajar, y podrías no bajar pero este no es el caso.
Todo lo que sube, baja… Y el cielo es azul. God, me siento como revista de consejos.
En fin, qué triste es ver que las cosas poco a poco van perdiendo la esencia de lo que un día fueron. La gente cambia, inclúyete en la frase al momento de citarla. La gente conoce más cada día, y cambia algunas opiniones y su forma de actuar con la gente constantemente. La mejor parte de estar con alguna persona es cuando apenas la conoces, te deslumbras, es como el juguete nuevo de propaganda en la televisión. Una vez que lo tienes, tienes que hacerte cargo, aceptar que no siempre es como en la tele y que quizás venga defectuoso. Pero una vez que lo tienes, tienes que tomar responsabilidad de él. Así como la persona tiene que aceptarte como eres y respetar tu vida. Ahí es cuando comienzan las peleas, y peleas tratando de solucionar las cosas, tratando de hacer que funcione, tratando de que sea como un día fue, pero no. Lo bueno de raticos.
Lo peor es que luego de bajar, intentamos subir de nuevo, intentamos subir a lo alto como estuvimos en aquel punto… pero cuando todo está muy dañado nunca lo logramos. Toda relación tiene altos y bajos, montañas rusas, peleas de parejas, de amigos, de familiares, hay peleas que hacen lazos más fuertes, como también hay cicatrices que nunca sanan. A veces uno no entiende que todo está muy dañado como para dañarlo más. Luego cada golpe queda el morado, y una lección para aprender. Pero cuando no aprendemos esa lección y volvemos a darnos el golpe, todo termina quedando peor de cómo estuvo cuando bajo.
Lamentablemente, una vez que uno baja, subir nunca vuelve a ser lo mismo que fue la primera vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario