Acá estoy, esperando que algo o alguien venga y me cambie la cara, la actitud, me cambie el día. Acá estoy, esperando que cierta persona me quiera como la quiero, fijándome bien en mis acciones y en lo que digo para que no sospeche nada. Acá estoy, también esperando a alguien que pueda querer a tal manera que saque a aquella persona de mi cabeza. Acá estoy, esperando a aquellos “amigos” que dejaron de serlo un tiempo atrás pero que pretenden que este cuando ellos me necesitan mientras ellos no están cuando yo los necesito. Acá estoy, creyendo en que mis sueños no son solo sueños, si no que son señales también. Aquí sigo, dándole tiempo al tiempo a ver si algo pasa, si alguna mínima cosa cambia. Pero la verdad es que me canso de esperar. Y ahí es cuando me pregunto ¿Por qué espero a cosas que en el fondo sé que no van a pasar?
Envidio a aquellas personas que pronto siguieron adelante y encontraron la persona correcta. Y es raro, pues no envidio a la persona que encontraron al seguir adelante, si no a aquellas personas fuertes, que siguieron adelante mientras yo nada mas camine una cuadra.
Quiero seguir adelante. Quiero comenzar algo que valga la pena. Quiero escribir sobre una historia feliz. Sobre amigos que están ahí para mí. Sobre gente nueva. Pero ¿Qué pasa si cuando intentas empezar algo con el más mínimo sentimiento hacia alguna persona, esta te decepciona desde un principio? Bueno, eso me baja los pies a la tierra. Creo que al momento de casi-plantarme el mínimo sentimiento que tenía se me fue a China. Quizás y hasta a Brunei.
Y volvemos a lo mismo, sigue aquella persona en mi cabeza, y no puedo hacer nada, y eso me saca de quicio totalmente. Y me canso de esperar, pero al final del día a eso vuelvo, a la espera. Tú me preguntarás ¿Qué se supone que esperas? La verdad, si te soy totalmente sincera, no sé lo que espero, me imagino que volvemos al primer párrafo. Pero solo sé que así quedo por ahora. En una banca, a la espera.
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